Testimonios de Pacientes | February 10, 2026
Me llamo Payton Gao. Soy de Livingston, New Jersey, pero actualmente estudio administración de empresas en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. No padezco de ninguna enfermedad y tengo la suerte de gozar de buena salud. Sin embargo, mi abuela tiene cáncer de mama metastásico y mi hermano, que tiene autismo, toma medicamentos para sus tics.
Mi aprecio por los medicamentos tiene sus raíces en mi familia, y recuerdo el momento que lo consolidó. A mi abuela le diagnosticaron cáncer alrededor de 2020. Se sometió a tratamiento, a una cirugía y parecía que se había recuperado por completo. Sin embargo, tuvo una recaída en 2023 y el pronóstico era desfavorable. No se sabía cuánto tiempo le quedaba de vida.
Las cenas familiares se volvieron tensas, como consecuencia, girando en tornos como se sentía mi abuela durante el día. Estaba sentado en la mesa cuando me estremeci al ver la incision de color rojo oscuro que le cruzaba la frente de un lado al otro. Deje de hablar cuando note que le temblaban las manos al recoger los cubiertos. Sus lágrimas, que brotaban como efecto secundario, me hicieron quedarme mirando al vacío. Tenía miedo de que algún día no pudiera ayudarla a recoger la comida que le gustaba. Aun así, cuando intenté alcanzar su plato, me apartó las manos con un gesto brusco, a la manera enfadada china, y en su lugar me puso comida en el mio. A pesar de la tensión que sentía, que no era normal, sonreí ampliamente. Los medicamentos le estaban salvando la vida.
Durante mucho tiempo, le agradecí a la ciencia y a las personas que habían creado estos medicamentos. Mi familia es de clase media y podíamos alcanzar el costo de los medicamentos, nunca teniendo que preocuparnos del precio. Eso fue hasta que, por casualidad, me topé con las declaraciones de nuestra compañía de seguro médico privada y vi una cifra de cinco dígitos junto al signo de dólar. El seguro le estaba ahorrando a mi familia miles, incluso decenas de miles de dólares en medicamentos. Sentí un gran alivio por algo que ni siquiera era consciente.
Interesado en aprender un poco más, investigué y me di cuenta de que los medicamentos que tomaban mis familiares trataban afecciones comunes. Existían políticas de reembolso adecuadas y cobertura de seguro. Aunque mi familia puede pagar los gastos mensuales de estos medicamentos (unos cientos de dólares al mes), sé que hay muchas familias en una situación menos afortunada que la mía.
No se le debería poner un precio a una experiencia como cenar con la familia. Cuando la salud es una preocupación, es responsabilidad del gobierno garantizar que no haya otras preocupaciones.